Said

Allá en un país muy lejano vivía un chico llamado Said. Un buen día cuando volvía de la escuela oyó que había estallado una guerra en su País. Muy preocupado fue a su casa y cuando llego se la encontró derruida, además no encontró a nadie de su familia. Said pasó tres días en los escombros de su antigua casa pero ni sus padres ni sus hermanos regresaron.
Cansado de esperar y viendo el horror que había a su alrededor Said decidió ir en busca de su futuro. A la mañana siguiente cogió las pocas pertenencias que le quedaban y marchó con paso firme y decidido.
Pronto se alejó de la ciudad lo suficiente como para encontrarse con un hombre que le preguntó: – ¿Oye chico, a dónde vas?
-Escapo de la guerra contesto Said.
-Yo puedo ayudarte, replicó el hombre, sólo tienes que darme todo tu dinero.
Said aceptó ya que lo que quería era poder vivir en paz, y ese sentimiento está por encima de los bienes materiales. El hombre se pudo muy contento y le dijo a Said que montase en una camioneta. En ella viajaban otras personas que querían hacer el mismo recorrido.
Iban recorriendo el desierto y a mitad de camino el hombre les obligó a bajar de la camioneta con la excusa de que el dinero que habían pagado no daba para más. Said no podía volver, estaba lejos de su país que además continuaba en guerra, así que se armó de valor y decidió cruzar el desierto a pie.
Por el camino se encontró con las gentes del desierto que para su buena suerte proporcionaban agua y comida a los viajeros.
Poco a poco el paisaje fue cambiando y llegó a un lugar con más vegetación. Said estaba contento, había superado la primera parte de su viaje. Pero ahora debía de cruzar el mar para llegar a un país en paz.
Said construyó una balsa con los árboles que había allí, y una noche que el oleaje era tranquilo se echó al mar. Por suerte para él el viaje era corto. A la salida del sol, Said ya estaba en el país que tanto había anhelado.
Se bajó de la balsa y encontró un campo verde, allí vio un trébol de cuatro hojas, lo cogió y cerró los ojos pidió un deseo, que acabasen las guerras y que la gente viviera en paz. Al volverlos a abrir se encontró de nuevo en su país rodeado de su familia. Said no se lo podía creer, estaba emocionado. De repente se metió la mano en el bolsillo del pantalón y encontró el trébol, que guardó en una urna de cristal. Con el tiempo este se perdió y dice la leyenda que cuando aparezca todos los pueblos vivirán unidos y en paz.

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